¿Por qué se produce el fenómeno de empeoramiento de la relación sentimental con el nacimiento de los hijos?
Es una situación que pasa a un porcentaje de aproximadamente un 6% de los matrimonios que tienen hijos en el que la madre con el cambio familiar provocado por el nacimiento del hijo común, deja de tener buena relación con el padre.
Esto se debe el cambio de situación familiar, pues cuando se es pareja, la vinculación es menor, pero con la prioridad del hijo común se espera un comportamiento del otro progenitor que no siempre es el deseado lo que provoca malestar.
Muchas madres esperan que sus maridos con la paternidad se adapten a la nueva situación y dejen de hacer la vida que hacían previamente cuando no tenían la responsabilidad de paternidad.
Por ejemplo, dedicar tiempo al cuidado de los hijos, dejando a un lado al menos parte de sus intereses o prioridades: Quedar con los amigos y vida social en general, aficiones, deporte y ocio… etc. O simplemente el proyecto de administración familiar en el que se pasa a tener una necesidad nueva y prioritaria, la del hijo común, esperando que se reduzcan si es necesario la de ambos progenitores para ahorrar y tener previsión económica de cara a las presentes y futuras necesidades del niño o niña.
El nacimiento o adopción de un niño al final requiere que se vuelva a reorganizar las pautas que sigue la familia, pues la llegada del niño hace que todo se module, lo complicado es modularlo de manera equilibrada.
Es tan malo no priorizar al niño lo suficiente, como priorizarlo tanto que se desatiendan otros aspectos importantes como son: Pareja, trabajo, salud… etc.

Desde que soy madre no soporto a mi marido
La asimetría de poder en pareja es el principal motivo que está en las rupturas y discusiones de parejas. Se trata de esos pactos y actitudes implícitos y explícitos que se van asentando en cada relación y que van modulándose con el tiempo. No es algo pacífico, pues existe una tendencia a querer enfocar por parte de ambos miembros de la pareja la organización y vida familiar según su criterio y en ocasiones se producen fricciones sensibles al contexto sentimental. El nacimiento de un hijo, evidentemente pone patas arriba la relación que anteriormente se tenía sin responsabilidades paternofiliales y es por ello que se debe de tratar de mediar y llegar a entendimientos con respeto, si es necesario acudiendo a ayuda profesional.
El malestar mantenido en el tiempo puede llevar al conflicto e incluso a la ruptura, por ello es tan importante tomar medidas a tiempo de que se deterioren las relaciones familiares y sentimentales.
